Saturación
Estoy boquiabierta. Literal. Con la mandíbula colgando frente al televisor, como si abrir la boca fuera el conjuro que falta para que el veneno no me nombre. Y con la otra mano busco, a tientas, los dedos de mi hija en el sofá. Porque cuando la tormenta ruge en las pantallas, una se aferra a la carn...
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