Enterismo parisino
Todas las ciudades tienen su punto de orgullo, esa dosis de amor propio que las lleva a padecer su propia enfermedad chovinista. No hay lugar que no considere que sus monumentos son los mejores, que su gastronomía es la más sabrosa o que su manera de vivir posee una hondura que los demás (¡pobres cr...
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