La verdadera aristocracia
Ningún ruido me alertó de su presencia. Giré sobre la silla del escritorio para buscar un libro en las baldas inferiores de las estanterías. Entonces la vi, junto a la ventana, bebiendo del agua que se posa en los platos de las macetas. Dicen que las urracas son capaces de reconocer su imagen delant...
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