Era larga, ligera, de cuello chimenea, perfecta: ¿quién me ha robado la gabardina?
"No fue cara. Tampoco fue una ganga. Me la había regalado mi madre después de que, musculada la perseverancia y vencida la paciencia, dos veces a la semana durante un mes le enviara el mismo enlace a la sección de abrigos de Mango"....
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