Por qué no me hice sacerdote: un relato de Jaime Bayly
Me quedé sentado en la banca, avergonzado de mí mismo. Mi madre caminó a comulgar y, al volver, me miró con estupor. Llegando a la casa, me preguntó por qué no había comulgado. Le confesé que había pecado gravemente con pensamientos y tocamientos impuros....
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