No hubo combate de metal ni acero.
No hubo combate de metal ni acero, ni estandartes de vana algarabía; tu sola gracia desarmó el sombrío orgullo antiguo del dolor severo. Venciste con la paz, noble lucero; con una flor ceñida todavía, hiciste de la sombra melodía y del destino un cauce verdadero. Quien mira así no vuelve siendo el m...
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