Comer con ansiedad: cuando el estrés se sube por el esófago
La ansiedad no siempre se queda en la cabeza. A veces baja al estómago, altera el apetito, provoca náuseas, favorece el picoteo o intensifica síntomas digestivos como pesadez, dolor abdominal o reflujo. En épocas de estrés, muchas personas comen más deprisa, peor o sin hambre real; otras, en cambio,...
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