Morir de calor (otra vez)
Sentados en la terraza de un bar de Córdoba, mi amigo J. y yo disfrutábamos de sendas copas de vino mientras un grupo de polillas blancas revoloteaba alrededor de las farolas al compás de una brisa reconfortante. “Antes, solía hacer este fresquito buena parte del verano” –musité, anclada en la excep...
Redirecting to full article...