Mi nido de rojos
Ayer estuve en un buen nido de rojos. Uno grande, bien surtido, éramos más de 20, cada uno de su padre y de su madre. Hubo tiempo para todo: para lanzarse cuchillos, para lamerse las heridas -propias y las de los otros-, para "ay, qué dolor qué dolor", para "ay, qué dolor qué pena", para ya todo est...
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