La fiesta de Trump o el síndrome de la masculinidad idiota
Solía ir casi todos los días al gimnasio hasta que este se llenó de aspirantes a opositores a Policía Nacional y lo dejé. Cambié aquel derroche testosterónico y compendio de tatuajes cuestionables y preconstitucionales por los cursillos que ofrecía mi ayuntamiento a precios populares. Ahora hago dep...
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